¿Perseverancia o terquedad?

Amigo-Amiga,

Esta lección debes aprender,

intenta una y otra vez;

si no triunfas al principio,

intenta una y otra vez;

y así obtendrás el coraje,

si no cejas en tu empeño,

no temas que vencerás;

intenta una y otra vez1.

… pero también hay que poner la cabeza, pues ser sincero contigo mismo  –con tu cabeza–, es el punto número uno para alcanzar cualquier elección auténtica. Ya hay muchos impostores, se cuentan por millares, con eso de que los hombres comunes necesitan la mentira para vivir… Sí –me dices–, el fraude y el engaño son pruebas de inteligencia y de astucia en los negocios; y me lo quieres probar arguyendo que miles inventan su personalidad en el Facebook. ¿Y eso, no te parece una ficción? ¿Al menos una distorsión de la personalidad, o doblez maníaca? Contéstate a ti mismo ¿Cómo quieres que los demás te traten a ti? ¿Quieres que tu novia o novio te diga que te ama cuando en realidad ama a otro o a otra? ¿Quieres que cuando has comprado un auto, o cualquier otro producto, te respeten las especificaciones de entrega, o te contentas con lo que te dan chapuceramente? Sé sincero, la realidad es que cuando se trata de algo serio no quieres que te engañen. Pues eso mismo exígete tú a ti, no te engañes, ni por un solo instante ni por un simple sentimiento o palabra. Mira, te mostraré lo que sucede en la ciencia de tu propio cuerpo, de tu propia cabeza, para que seas consecuente : Fíjate cómo conoce el hombre –cómo conoces tú–, para que entiendas <lo vital> de la verdad, la mentira es una distorsión de lo que la naturaleza por sí misma produce;  te lo demostraré: Tu pensamiento es producto de un proceso natural, no algo “fabricado” por ti; no es un pacto entre tu cerebro y tú; tampoco algo que dependa de una decisión pre-elaborada, ni algo que tú por ser tuyo puedas cambiar. Como no cambias la fisiología de tu corazón, tampoco puedes cambiar la fisiología del pensamiento2: él es resultado de un proceso en tu naturaleza física: los conceptos –paso previo a tus palabras–, se forman como correspondencia a las cosas, correspondencia que no puede ser voluntariamente violada. Percibimos las cosas, las palpamos, las oímos…  formamos su representación en la imaginación, y allí, en esa representación <vemos> la idea, <captamos> el concepto  –y esto igual en un carnicero que en un filósofo, en un poeta que en un matemático, un ciego que un sordo, un maestro que un alumno, una mujer que un hombre, un niño que un viejo: todos los elaboramos igual –todos necesitamos la sensación, la imaginación, el concepto, la palabra–,  ¡todos tenemos las mismas leyes neurálgicas, y sus respectivos transmisores!.   Al igual que los animales inferiores  –nada más que ellos no elaboran conceptos–, en el hombre, la vida real es percibida por los sentidos  y llega hasta los centros respectivos, táctiles, auditivos o visuales, donde se transforma en imagen totalmente fiel a las cosas,  y, eso, es la verdad: la correspondencia de la “imagen” y de su concepto –en el hombre– a la realidad externa. Por eso los animales no mienten, porque al no tener libertad su conducta se adecua exactamente a lo imaginado… en cambio los hombres sí, pues tenemos la posibilidad de saltarnos a la torera “porque queremos”, “por capricho”, “por un sentimiento mal entendido”, “por orgullo”, lo que con toda sencillez nos dice la inteligencia misma, la razón en movimiento. Y acabamos complicándonos de tal manera que en algunos llega a ser enfermedad, lo que acaba de distorsionar no sólo el proceso cognitivo sino también la vida de relación con los demás.

Sí, si quieres en verdad alcanzar tus decisiones, deberán ser auténticas. La verdadera perseverancia depende de ello, pues sólo una decisión tomada con la alegría de ser sincero ante ti mismo y ante los demás –con la verdad en la inteligencia y en el corazón–, viene llena de fortaleza, virtud sin la cual la perseverancia no es perseverancia sino terquedad orgullosa, pedantería o politequería vanidosa.

No seremos nunca segadores

de frutos dorados y maduros

si no hemos sido sembradores

que han regado con lágrimas los surcos.

No es algo que sólo heredamos,

este místico mundo de los hombres.

El campo de la vida da lo que plantamos,

una cosecha de espinas o de flores.3

Dicho de otra manera, confiar mismo en ti mismo, porque sabes que no te mientes, porque eres plenamente consciente de que debes respetar el propio razonamiento, es el primer paso que debes dar en el camino para escoger tu vocación, tu proyecto de vida o tu camino profesional: tu modo de estar en la vida sirviendo a los demás auténticamente.

1Tomado de El libro de las virtudes, William J Bennett, Vergara, 1ª- Edición, 2011 página 478

2Pérez G., Jesús. Reconceptualización de la Orientación Educativa, página 57, Tesis de Maestría, 2003

3Johann Wolfgang von Goethe, Tomado de El libro de las virtudes, William J Bennett, Vergara, 1ª- Edición, 2011, página 505.

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