Servir=Vocación=Servir

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¡Bienvenida y bienvenido a Univérsitas! Acabas de ingresar a un blog que exige mucho, pues alcanzar la excelencia que nos proponemos no es un acto de magia; encontrarás lo necesario para tener una buena trayectoria educativa y laboral; te ayudaremos a forjar un comportamiento comunicacional maduro para que aprendas a manifestar tus convicciones y defender tus derechos con expresiones conscientes, congruentes, claras, directas y equilibradas, y a comunicar tus ideas y sentimientos o defender tus legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia. Condiciones que te ayudarán a tomar decisiones bien informadas y a forjar tu proyecto de vida: tu vocación profesional. Pero tendrás que poner un ingrediente que es fundamental para el cumplimiento de tus metas: tu actitud.

Habrá quien quiera estudiar para incorporarse al campo laboral; otros más desearán continuar con sus estudios superiores, o de posgrado, pero, sin lugar a dudas, algo que les iguala en estos momentos es que están aquí, buscando algo que les ayude a encontrar su vocación. Pues bien, como lo primero es lo primero, vamos a profundizar en qué es y debe ser la vocación.

A todos nos queda claro que la vida no se detiene y que el tiempo sigue corriendo, lo aprovechemos o no; entonces, ¿por qué no decidirnos a que no pase por nosotros sin imprimirle nuestra huella? Todo es cosa de actuar con decisión, de darle el a esos anhelos de convertirnos en hombres o mujeres útiles para la sociedad y a esa ilusión que siempre han tenido nuestros padres: que seamos felices. ¡Hoy es cuando!

Para alcanzar nuestros objetivos se precisa de dos fuerzas. Una, nuestro carácter; otra, la inteligencia que pongamos para encausar nuestros actos. Carácter e inteligencia que no son otra cosa que una voluntad en acción; es decir, la determinación y constancia que pongamos para lograr ser o hacer lo que hemos decidido. Aunque los avances se vayan dando poco a poco no debemos desistir en la consecución de nuestra meta y actuar con inteligencia ─talento  natural que poseemos para advertir que si bien nuestro afán por alcanzar los objetivos esta presente, la lucha no es contra molinos de viento futuros, sino contra nuestra posible apatía actual o “poca disposición para mejorar”─, si es que en algún momento nos enfrentamos a la adversidad.

Esta reflexión cobra sentido al considerar aquello que decían nuestros abuelos: el que no vive para servir no sirve para vivir. En esto se debe concretar nuestra actitud ─lucha─ diaria; tanto si estudiamos para dedicarnos al trabajo ¡ya! como si estudiamos para cursar estudios superiores. Se trata de mantener una buena disposición ante la vida y sus retos; de mantener nuestra voluntad de servir y querer servir.

En la primera opción ─si estudiamos para trabajar ya─ habremos de considerar que quienes están pendientes de nuestro desempeño tienen la esperanza de que cumplamos con esmero nuestros deberes, que hagamos las cosas bien. Tal como esperaríamos nosotros que lo hicieran nuestros hijos si los estuviéramos apoyando para que contaran con la oportunidad de prepararse o capacitarse y poder ofrecer un servicio.

Si optamos por la segunda alternativa ─seguir estudiando el nivel superior o el posgrado─ nuestra actitud o disposición tendrá que ser la misma; pues de nuestro estudio dependerá, en su momento, obtener un resultado que deberá ser tan bueno y profesional como el que nosotros mismos esperaríamos de un auténtico estudiante.

Así, en los dos casos, la divisa tendrá que ser: “quiero servir, quiero hacer las cosas bien”. Pero ese querer tiene que salir de lo más profundo de nuestro ser y concretarse diariamente en cada uno de nuestros actos: desde levantarnos a tiempo, llegar puntuales a clases, cumplir con nuestros trabajos caseros y de la escuela. Sí, de querer servir depende una parte importante de nuestra felicidad; pues sólo cuando se vive intensamente el presente y con la voluntad de servir a nuestros semejantes, con la actividad que cada uno desempeñemos, es cuando se es feliz.

Sí amigos, lo que realmente necesita nuestro país ─y cualquier otro─, para salir adelante no es eso que tanto cacaraquean los medios de comunicación: reformas políticas. ¡No!, lo que verdaderamente demandan nuestras naciones es la transformación interior de cada uno de nosotros para tener la disposición de pensar sinceramente en los demás. ¡Que distintas serían las cosas si cada uno pensara en el bien de sus semejantes!; si los comerciantes vendieran kilos de a kilo o litros de a litro; si los funcionarios públicos, cumpliendo su deber, atendieran bien a las personas que solicitan sus servicios; si los diseñadores de casas populares no construyeran porque no son para ellos, esas “latas de sardinas” que nos ofrecen como hogar; si la persona por la que votamos trabajara auténticamente por el bien colectivo; si los inversionistas invirtieran no sólo para su propio interés, sino pensando en el beneficio social; si los que venden droga no lo hicieran, porque saben bien el daño que hacen…

Sí, es preciso pensar en los demás y servirles ─sabiendo que todos somos seres humanos de carne y hueso─, como desearíamos que ellos lo hicieran con nosotros.

Amigos, aprovechemos el tiempo, aprovechemos esta etapa de la vida que estamos viviendo, tan llena de ilusiones y de oportunidades; no nos dejemos llevar del pesimismo que embarga a nuestras sociedades, acojamos con renovado ánimo una nueva forma de pensar; llenémonos del espíritu de servir, pues para servir hay que saber servir.

Bien lo dice el viejo adagio “Si haces planes para un año siembra arroz, si los haces para dos lustros siembra árboles, si los haces para toda la vida capacítate: sirve a tu prójimo y educa a tus hijos”.

Por todo esto, aunque no se advierta a primera vista, la base del verdadero cambio en nuestros países está en que cada uno de nosotros asuma dicha actitud: querer el bien de los demás y servirles. Que para nosotros ─para ti y para mí─ se deberá traducir en estudiar bien.

Sólo así, haciendo lo correcto en nuestro trabajo que hoy por hoy es estudiar─ y en la vida de familia, sirviendo de verdad, además de ser felices cada uno de nosotros haremos felices a los demás. Sólo así conceptualizando nuestra vocación como servicio, y materializando nuestro afán de servir como búsqueda de una profesión concreta es como encontraremos nuestra auténtica vocación.

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