UN GRAN COMPROMISO: ÉTICA

      

POR: Juan Manuel Silva Camarena

                                       

La ética estudia la moral y determina qué es lo bueno y, desde este punto de vista, cómo se debe actuar. Es decir, es la teoría o la ciencia del comportamiento moral.

Una doctrina ética elabora y verifica afirmaciones o juicios. Esta sentencia ética, juicio moral o declaración normativa es una afirmación que contendrá términos tales como ‘malo’, ‘bueno’, ‘correcto’, ‘incorrecto’, ‘obligatorio’, ‘permitido’, etc., referido a una acción o decisión. Cuando se emplean sentencias éticas se está valorando moralmente a personas, situaciones, cosas o acciones.

¿Qué es eso de la Ética Profesional y del trabajo?

Todos tarde o temprano, nos dedicamos a un oficio, un trabajo, un quehacer profesional. Entonces, es importante que podamos entender bien en qué sentido preciso nuestro quehacer puede ser, efectivamente, ético o puede dejar de serlo.

La ética profesional no depende directamente de ciertas normar o códigos “de ética” de distintos gremios profesionales. Ella se trata sencillamente de ponernos en el dilema de cumplir o no determinadas reglas morales.

Los códigos morales (sean de carácter social, religioso o profesional) sólo orientan, de la mejor manera que pueden hacerlo, nuestra decisiones.

La ética en el sentido profesional, tiene que ver íntimamente con nosotros. ¿Cómo es esto? Ella está directamente vinculada con la calidad moral de nuestro trabajo. Está implicada en el modo de llevar a cabo nuestro quehacer, e implica entrega vocacional, responsabilidad, honestidad intelectual y práctica (relativa a lo que hacemos y lo que sabemos). La ética profesional es fundamentalmente un compromiso con lo que ustedes hace, con lo que yo hago, con lo que cada ser humano hace.

Yo mismo puedo ser un buen Filósofo de la ética o uno malo; todo depende de que haga bien o mal mi trabajo. Si lo hago mal, procedo inmoralmente. Es decir, sin ética profesional. En otras palabras, he sido incapaz de ponerme al servicio de los intereses de mi profesión.

Un científico que miente, no es un hombre mentiroso, sino alguien que ya no es un científico; un médico que se pone al servicio de la muerte, deja de ser un médico.

La ética del trabajo obliga a desear sólo que quede bien hecho lo que se hace.

Independientemente del estado de ánimo, de lo que nos sucede internamente, de nuestra situación económica, de lo que está sucediendo en el mundo en este momento (que inclusive puede ser algo muy grave), la responsabilidad profesional nos obliga a hacer nuestro trabajo como siempre, de una manera tan bien hecha como la tenemos que hacer en cualquier ocasión, pase lo que pase.

“Ética del trabajo” significa, un compromiso ineludible con nosotros mismos de hacer bien las cosas, un compromiso que no se puede dejar de cumplir, porque tiene que ver con un compromiso con nuestro propio ser, que nos hace más o nos hace menos, nos hace mejores o nos empeora, nos enriquece o nos empobrece en nuestra propia naturaleza.

La ética del trabajo es un compromiso ineludible, un principio que no se puede violar, una lealtad que no se puede abandonar, que no se puede defraudar.

Hablamos de un compromiso con nuestro trabajo que lo adquirimos porque nació como una lealtad con nuestro propio llamado vocacional. En una sola palabra: es el fundamento ético de mi ser y mi quehacer. La ética profesional se llama precisamente así porque es el fundamente ético de lo que profesionalmente hago y de lo que soy, en el desarrollo de una determinada forma de vida.

Sin ética del trabajo y ética profesional, lo que se hace queda reducido sólo a una chamba, o una talacha, a un modo de obtener dinero, pero no tenemos propiamente trabajo.

Si fallamos en los términos de ética profesional, dejamos de ser lo que éramos, somos menos, del mismo modo como el soldado queda degradado por un acto de deshonor.

¿Por qué nuestra profesión es (o debiera ser) una cuestión vocacional? Porque en un llamado que viene de nuestro propio ser, y que me dice: “tú tienes que ser así, hacer esto, y vivir de este modo”, pues de lo contrario es muy probable que tu vida sea infeliz o desdichada. Cuando hay ética profesional, hay responsabilidad profesional: profesionalismo.

La ética del trabajo, y la profesional son, en suma, un medio para estar bien con uno mismo, que hace posible que uno quiera hacer las cosas bien sin ninguna otra razón, y sobre todo, sin segundas intenciones; no para que me aplaudan, para que los demás me halaguen o para que admiren mi responsabilidad.

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